Al igual que se ha conseguido implantar la idea del sexo seguro, urge otra cultura con el beber.
El consumo de alcohol entre adolescentes
y jóvenes no disminuye. El dato que aportamos, a partir de las
encuestas y estudios de la Agencia de Salud Pública de Cataluña, es
preocupante: más de la mitad de los jóvenes de 17 años (exactamente el
51%) reconocen que se han emborrachado como al menos una vez durante el
último mes. En el caso de los de 16 años, son un 43% los que dan una
respuesta afirmativa; y en los de 15 años, el 30%. Por lo tanto, el
hábito de beber empieza muy temprano, va ligado al tópico que ayuda a
encontrar pareja y a resistir mejor la noche, y a menudo termina con el
llamado binge drinking de fin de semana o consumo compulsivo.
Mientras disminuye gradualmente el
consumo de tabaco y de drogas más duras, el alcohol -legal y de muy
fácil acceso- sigue siendo socialmente tolerado. Los datos de consumo
juvenil no se han modificado en los últimos quince años. No existe una
conciencia real del problema de salud que conlleva. Persiste, de hecho,
una amplia permisividad en las familias, que hace poco efectivas las
campañas de educación en los centros escolares. Sin duda, el problema de
los jóvenes con la bebida refleja la realidad de la extensión del
alcoholismo entre los adultos. El 15% de la población hace un consumo de
riesgo y cada año se inician en Cataluña 6.000 tratamientos de
desintoxicación. Además, tal como explica Alcohólicos Anónimos, las
personas que acuden en busca de ayuda son cada vez más jóvenes.
Aparte del coste económico que suponen
los problemas de salud derivados del alcoholismo, existe el problema
social. Las personas que han caído, tanto si salen o no, quedan
atrapadas de por vida. Y su problema repercute en todo su entorno. En el
caso de los adolescentes y jóvenes, supone una huida hacia delante, un
espejismo de diversión y desinhibición que terminan pagando con graves
conflictos en las relaciones con familiares y amigos, en el rendimiento
en los estudios y finalmente en dificultades en el trabajo, si
encuentran.
¿Como se evita que rueden por esta
pendiente? No es fácil. Pero al igual que se ha conseguido implantar la
idea del sexo seguro y responsable, al igual que se ha reducido el
consumo de ciertas drogas, hay que fijar como prioridad un cambio en la
cultura del beber para erradicar al máximo el alcoholismo juvenil.
El alcohol es la droga más letal
El tabaco y el alcohol no son drogas,
beber ayuda a ligar y resistir mejor sus efectos es un signo de
fortaleza. Estos son algunos de los falsos mitos extendidos entre los
jóvenes, pero esconden una realidad más compleja y peligrosa.
Con los datos en la mano, el alcohol es
la droga más letal. Entre el 4% y el 7% de las muertes que se producen
cada año en Cataluña -unas 1.850- pueden ser atribuidas a su acción. Los
accidentes de tráfico o una cirrosis quizás son las consecuencias más
visibles, pero el consumo continuado durante años puede alimentar otro
tipo de patologías neuropsiquiátricas que, en el peor de los casos,
terminan en un suicidio o en una enfermedad gastrointestinal mortal.
Legal y accesible
"El alcohol es un importante problema de
salud en Cataluña, España y Europa", dice taxativamente el subdirector
general de drogodependencias de la Agencia de Salud Pública de Cataluña,
Joan Colom. La agencia hace estudios y encuestas periódicas, y ha
colaborado con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la
definición de los criterios sobre consumo de riesgo. Por eso sabe que el
15% de la población hace un consumo de riesgo. Y los jóvenes, en una
época en que las redes sociales ensalzan el comportamiento de otros
jóvenes que son capaces de beber mucho en muy poco tiempo, encuentran en
esta droga -legal y muy accesible- la vía ideal para desinhibirse y
relacionarse entre ellos, muchas veces sin valorar que, más allá de los
efectos inmediatos, el alcoholismo puede derivar en una enfermedad y una
dependencia física difícil de controlar.
El 51% de los jóvenes de 17 años
reconocen que se han emborrachado al menos una vez durante el último
mes. No es una cifra menor, teniendo en cuenta que el límite legal para
poder comprar alcohol se sitúa en los 18 años. De hecho, el inicio del
consumo es incluso anterior: el 43% de los que tienen 16 años y el 30%
de los que tienen 15 también reconocen el mismo. Esta práctica está
fuertemente relacionada con el llamado binge drinking o consumo
compulsivo, ligado al ocio del fin de semana. La permisividad social y
familiar muchas veces lo ampara y, en el peor de los casos, también lo
fomenta. Los datos no se han modificado mucho en los últimos 15 años, lo
que demuestra que no es un fenómeno nuevo, y en cualquier caso
evidencian que no se ha logrado revertir una tendencia que se sabe que
es muy negativa.
interesante
ResponderEliminarmuy interesante :)
ResponderEliminarun tema muy interesante
ResponderEliminarInteresante tiene toda la razon este articulo :D
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