martes, 24 de mayo de 2016

Jóvenes y alcohol, un problema enquistado

                              JOVENES Y ALCOHOL,UN PROBLEMA ENQUISTADO
Al igual que se ha conseguido implantar la idea del sexo seguro, urge otra cultura con el beber.

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El consumo de alcohol entre adolescentes y jóvenes no disminuye. El dato que aportamos, a partir de las encuestas y estudios de la Agencia de Salud Pública de Cataluña, es preocupante: más de la mitad de los jóvenes de 17 años (exactamente el 51%) reconocen que se han emborrachado como al menos una vez durante el último mes. En el caso de los de 16 años, son un 43% los que dan una respuesta afirmativa; y en los de 15 años, el 30%. Por lo tanto, el hábito de beber empieza muy temprano, va ligado al tópico que ayuda a encontrar pareja y a resistir mejor la noche, y a menudo termina con el llamado binge drinking de fin de semana o consumo compulsivo.

Mientras disminuye gradualmente el consumo de tabaco y de drogas más duras, el alcohol -legal y de muy fácil acceso- sigue siendo socialmente tolerado. Los datos de consumo juvenil no se han modificado en los últimos quince años. No existe una conciencia real del problema de salud que conlleva. Persiste, de hecho, una amplia permisividad en las familias, que hace poco efectivas las campañas de educación en los centros escolares. Sin duda, el problema de los jóvenes con la bebida refleja la realidad de la extensión del alcoholismo entre los adultos. El 15% de la población hace un consumo de riesgo y cada año se inician en Cataluña 6.000 tratamientos de desintoxicación. Además, tal como explica Alcohólicos Anónimos, las personas que acuden en busca de ayuda son cada vez más jóvenes. 

Aparte del coste económico que suponen los problemas de salud derivados del alcoholismo, existe el problema social. Las personas que han caído, tanto si salen o no, quedan atrapadas de por vida. Y su problema repercute en todo su entorno. En el caso de los adolescentes y jóvenes, supone una huida hacia delante, un espejismo de diversión y desinhibición que terminan pagando con graves conflictos en las relaciones con familiares y amigos, en el rendimiento en los estudios y finalmente en dificultades en el trabajo, si encuentran.

¿Como se evita que rueden por esta pendiente? No es fácil. Pero al igual que se ha conseguido implantar la idea del sexo seguro y responsable, al igual que se ha reducido el consumo de ciertas drogas, hay que fijar como prioridad un cambio en la cultura del beber para erradicar al máximo el alcoholismo juvenil.

El alcohol es la droga más letal

 

El tabaco y el alcohol no son drogas, beber ayuda a ligar y resistir mejor sus efectos es un signo de fortaleza. Estos son algunos de los falsos mitos extendidos entre los jóvenes, pero esconden una realidad más compleja y peligrosa.
Con los datos en la mano, el alcohol es la droga más letal. Entre el 4% y el 7% de las muertes que se producen cada año en Cataluña -unas 1.850- pueden ser atribuidas a su acción. Los accidentes de tráfico o una cirrosis quizás son las consecuencias más visibles, pero el consumo continuado durante años puede alimentar otro tipo de patologías neuropsiquiátricas que, en el peor de los casos, terminan en un suicidio o en una enfermedad gastrointestinal mortal.

Legal y accesible
"El alcohol es un importante problema de salud en Cataluña, España y Europa", dice taxativamente el subdirector general de drogodependencias de la Agencia de Salud Pública de Cataluña, Joan Colom. La agencia hace estudios y encuestas periódicas, y ha colaborado con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la definición de los criterios sobre consumo de riesgo. Por eso sabe que el 15% de la población hace un consumo de riesgo. Y los jóvenes, en una época en que las redes sociales ensalzan el comportamiento de otros jóvenes que son capaces de beber mucho en muy poco tiempo, encuentran en esta droga -legal y muy accesible- la vía ideal para desinhibirse y relacionarse entre ellos, muchas veces sin valorar que, más allá de los efectos inmediatos, el alcoholismo puede derivar en una enfermedad y una dependencia física difícil de controlar.
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El 51% de los jóvenes de 17 años reconocen que se han emborrachado al menos una vez durante el último mes. No es una cifra menor, teniendo en cuenta que el límite legal para poder comprar alcohol se sitúa en los 18 años. De hecho, el inicio del consumo es incluso anterior: el 43% de los que tienen 16 años y el 30% de los que tienen 15 también reconocen el mismo. Esta práctica está fuertemente relacionada con el llamado binge drinking o consumo compulsivo, ligado al ocio del fin de semana. La permisividad social y familiar muchas veces lo ampara y, en el peor de los casos, también lo fomenta. Los datos no se han modificado mucho en los últimos 15 años, lo que demuestra que no es un fenómeno nuevo, y en cualquier caso evidencian que no se ha logrado revertir una tendencia que se sabe que es muy negativa.
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